lunes, 3 de febrero de 2014

Más que un vientre fértil



Ella no sintió las pataditas en su vientre, ni náuseas, tampoco los dolores de las contracciones al parir. Mes tras mes la desilusión se manchaba de sangre. A pesar de los remedios caseros, consultas de infertilidad, posiciones en las relaciones sexuales, o las distintas etapas lunares, su vientre jamás creció.
Está consciente de que el acto fisiológico de tener un hijo es maravilloso pero se conforma con dar amor y recibirlo a cambio.
Por eso al enterarse de que existía la posibilidad de adoptar a un pequeño que no tenía amparo filial realizó todos los trámites legales para hacerlo propio.
Muchas mujeres, al igual que esta que me pidió mantener en secreto sus señas, la vida no les brindaron el regalo de un hijo, sin embargo son pocas las que realizan el proceso legal de la adopción.
“Las personas no acuden a este muchas veces por desconocimiento. Durante muchos años se ha utilizado mucho más el trámite de la tutela, que es meramente un vínculo de protección hasta que el niño cumple la mayoría de edad o hasta que se remueva de su cargo tutelar, en caso que sea necesario, explica la fiscal Aseneth Verdecia Rodríguez.

“Generalmente las personas cuando van a adoptar ya conocen al menor, la mayoría de las veces porque tienen algún vínculo familiar, o son vecinos o porque provienen de la Casa de Niños sin Amparo Filial, y desgraciadamente sufrieron de abandono o quedaron huérfanos”.
El Código que ampara
En el Código de la Familia, en el artículo 9 del Capítulo VII se recogen las principales normativas de la adopción a menores.
Se establecerá en interés del mejor desarrollo y educación del menor, y creará entre el adoptante y el adoptado un vínculo de parentesco igual al existente entre padres e hijos, del cual se deriven los mismos derechos y deberes.
Para realizar estos trámites en las instituciones pertinentes es imprescindible, según el Código de la Familia cubano haber cumplido veinticinco años de edad, hallarse en el pleno goce de los derechos civiles y políticos, estar en situación de solventar las necesidades económicas del adoptado y tener las condiciones morales.
Además afirma que los cónyuges realizarán la adopción conjuntamente. No obstante, uno de ellos podrá adoptar al hijo del otro, si el padre o madre del menor que se pretende adoptar consintiera, hubiera fallecido, hubiera sido privado de la patria potestad o fuera desconocido.
¿Una persona viviendo en el extranjero puede realizar estos trámites?
La adopción se  puede hacer a cualquier persona que tenga estos requisitos, pero en Cuba tenemos cierta resistencia a las que viven en el extranjero, primero por las consecuencias que para el menor tendría salir de su medio, con otro idioma, personas que no conoce, características  distintas a la de la crianza o bien porque la finalidad de la adopción puede ser inescrupulosas como el tráfico de órganos o prostitución infantil, y  fuera del territorio nacional no tenemos mecanismos para defender a ese niño, explica Verdecia Rodríguez.
“La adopción internacional está amparada por la Convención de los Derechos del Niño pero tiene sus detractores precisamente por las situaciones que se han dado en el mundo.
En nuestro país los casos que se han dado son generalmente de personas que viven en otros países que están casadas con un ciudadano cubano y adoptan los hijos de su cónyuge, en la mayoría de los casos para sacarlos del país, siempre y cuando su padre o madre biológica lo autorice”.
“Existen muchos casos de personas que crían niños que no son biológicos y se crean vínculos afectivos sin que hayan necesitado jamás el proceso legal de adopción, por desconocimiento o porque nunca se ha dado alguna situación en que se necesitara realizar este trámite”.
El niño y la nueva familia 
Generalmente los pequeños beneficiados son menores de cinco años porque son más moldeables a la nueva familia y a sus modos de crianza.
Los padres adoptivos aunque conocen las características del infante al recibirlo en su seno se enfrentan a las mismas incertidumbres de educar de la mejor manera tratando de crear un ambiente de armonía.
Algunos prefieren mantener el secreto de las raíces biológicas del nuevo miembro y para lograr silenciar este tema, muchos hasta permutan o cambian de ciudad, otros creen que la verdad en edades tempranas evitaría futuros conflictos y desilusiones.
Yanet Matos, psicóloga médica piensa que contarle o no al menor sobre su origen depende de muchos factores, por ejemplo,  de la edad para comprender, de sus características psicológicas, de las relaciones con sus nuevos padres, “aún así pienso que en nuestro país, por idiosincrasia estamos muy pendientes a la vida de los demás y somos indiscretos por naturaleza, traería entonces consecuencias terribles a este infante descubrir la verdad por otros.”
Estas personas que acogen a estos niños están seguros que ser padres es más que  un vientre fecundado o nueve meses de embarazo.
Para ellos dar todo el amor posible y recibir a cambio un abrazo con un beso mojado, o escuchar con vocecita fina la palabra mamá o papá es la mayor felicidad del mundo.

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